46 millones de metros cúbicos sin aprovechar: cómo la biomasa forestal puede frenar los megaincendios y abaratar la factura energética

46 millones de metros cúbicos sin aprovechar: cómo la biomasa forestal puede frenar los megaincendios y abaratar la factura energética
España acumula cada año 46 millones de metros cúbicos de nueva biomasa vegetal en sus bosques, pero aprovecha apenas el 40% de ese volumen, frente al 65-70% de media europea. El resultado es una acumulación de materia combustible que, ante una ola de calor, transforma cualquier conato en un megaincendio. La temporada de 2026 ya registra un 218% más de focos que en el mismo período del año anterior, y el sector forestal lleva años advirtiendo que extinguir el fuego en agosto no resuelve el problema estructural que se construye durante el resto del año.

El diagnóstico estructural del abandono forestal

En lo que va de 2026, entre enero y mediados de mayo, España notificó 127 incendios frente a los 40 del mismo período de 2025. Sin embargo, el dato verdaderamente revelador no es el número de focos, sino la concentración del daño: menos del 1% de los incendios acumulan ya el 86% de la superficie quemada, y el tamaño medio del gran incendio ha pasado de 1.500 a más de 6.000 hectáreas. El fuego no se ha vuelto más frecuente; se ha vuelto exponencialmente más destructivo. La raíz del problema es histórica. Décadas de éxodo rural y el abandono de usos tradicionales han dejado los montes sin la gestión que durante siglos los mantuvo a salvo. El resultado es una acumulación de ramas, matorrales y maleza seca que los técnicos forestales denominan "carga de combustible": ante condiciones extremas, ese material convierte cualquier chispa en un incendio incontrolable. A pesar de ser el tercer país de Europa con mayor superficie boscosa, tras Suecia y Finlandia, España ocupa el noveno lugar en aprovechamiento de sus recursos forestales.

Las implicaciones energéticas y económicas de la gestión forestal activa

El aprovechamiento de los residuos forestales como biomasa abre una doble vía: reducir la carga de combustible en el monte y generar energía renovable local. Según la AEFECC, esta estrategia presenta un potencial concreto y cuantificable:
  • El uso de biomasa en zonas de alto riesgo podría reducir hasta un 60% la superficie afectada por incendios, al disminuir de forma directa la acumulación de material combustible en los bosques más vulnerables.
  • Ampliar los sistemas de calefacción con biomasa al 18% de los hogares unifamiliares generaría un ahorro anual cercano a 500 millones de euros, convirtiendo la prevención forestal en una palanca de reducción del gasto energético doméstico.
  • La bioenergía representa el 60% de toda la energía renovable producida en la Unión Europea, con el 96% de esa biomasa obtenida dentro del propio territorio, sin dependencia de mercados exteriores.
Este modelo conecta directamente con la transición hacia las energías renovables que Europa necesita consolidar. En 2025, mientras el gas y la electricidad siguieron expuestos a tensiones internacionales, la biomasa demostró estabilidad tanto en precios como en suministro, consolidándose como el recurso renovable más autónomo del continente. La clave para reducir la huella de carbono del sector energético pasa en parte por movilizar este recurso infrautilizado.

La hoja de ruta sectorial hacia 2030

El sector forestal español tiene sobre la mesa un objetivo concreto: construir al menos 200 nuevas redes de calor con biomasa forestal antes de 2030, lo que supondría 2.800 megavatios de potencia instalada adicional y movilizaría 1,2 millones de toneladas más al año. Si España alcanzara una tasa de aprovechamiento del 67%, aún por debajo de la media europea, podría movilizar 5 millones de toneladas adicionales en 2030 y hasta 10 millones en 2050. El recurso existe; la barrera es política y normativa. El principal obstáculo no está en los bosques, sino en Bruselas. Las nuevas normas europeas sobre renovables podrían endurecer tanto los criterios de sostenibilidad para la biomasa que terminen dificultando precisamente la gestión forestal que previene los incendios, una paradoja burocrática que el sector lleva meses denunciando. Para los hogares y empresas que buscan reducir su consumo energético y frenar el efecto invernadero, la biomasa forestal gestionada de forma sostenible representa hoy una de las opciones más maduras del mix renovable español.

Última edición el 22 de junio de 2026 a las 14:05

Aitana Llopis

Aitana Llopis

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